Cuando hemos visto el fuego consumirse
solo ansíamos que sus llamas
vuelvan a iluminarnos los ojos,
el corazón y el alma.
Cuando hemos visto todo ardiendo,
ya nada puede abrazarnos
como lo hacían las llamas.
Nunca nada podrá regocijarnos
tanto como los límites calurosos
de las fogatas
en donde gritábamos y reíamos,
en donde nos secábamos la ropa
y nos dábamos palabras de aliento.
Aunque solo a algunos metros
más allá podíamos encontrar la oscuridad absoluta,
sabíamos que la luz y el calor
de la barricada nos protegería.
Por esto son las ansias que tengo,
la melancolía y la nostalgia.
A veces veo el humo de algunas
y se me ilumina el corazón,
pero ya casi ni quedan
y yo también siento
que me he ido apagando.
Sin el fuego hace frío
aquí dentro
pero afuera es peor.
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